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Mundial Interior · Entrega 1 de 9

El partido más importante

El comienzo del viaje

Hay un partido que no aparece en ningún marcador. La puerta de entrada a los nueve cuentos de Mundial Interior.

Audio · 5:02 min · Español

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El cuento por escrito

Hay un partido que no sale en ningún sitio.

No tiene marcador. No lo narra nadie. No lo ve nadie.

Y, sin embargo, es el más importante de todos.


En lo alto de una isla, donde el viento dobla los pinos y el mar rompe contra las rocas, hay un faro. Cada noche, su luz sale girando y viaja muy lejos, por encima del agua, para que los barcos sepan que no están solos en la oscuridad.

Es una luz que viaja.

En ese faro vive un guardián, que cuida la luz y los muchos libros que llenan sus paredes. Habla poco. Y casi cada tarde sube hasta allí una niña que se llama Lúa, con una urraca llamada Nala, que se fija siempre en lo que a los demás se les escapa.

El faro es para Lúa como una segunda casa. Pasa más horas allí arriba —leyendo, mirando el mar, escuchando— que en ningún otro sitio.

Porque desde allá arriba Lúa lo ve casi todo. Los barcos. Las tormentas que llegan de lejos. Y algo que casi nadie se para a mirar: lo que pasa por dentro de las personas.


Este año se juega un torneo en muchos rincones del mundo. Lo llaman el Mundial Interior. Equipos de muchos países, cinco contra cinco. Y uno de sus campos está aquí abajo, pequeño, junto al mar, tan cerca del faro que Lúa puede verlo con sus propios ojos. Los demás le llegan de más lejos, por la radio, como voces que cruzan el agua.

Y como en todos los mundiales, hay goles, hay paradas, hay quien gana y quien pierde.

Eso lo ve todo el mundo.

Pero hay otro partido jugándose a la vez. Uno que no se ve desde la grada. Porque mientras un niño corre detrás del balón, por dentro le está pasando algo. A veces es miedo. A veces, rabia. A veces la alegría enorme de marcar, o lo que pesa fallar delante de todos. A veces uno se siente invisible. A veces, un nudo en la tripa antes de empezar.

Ese es el partido que nadie ve.

Y ese es el que Lúa mira, desde el faro.


Dicen que el faro guarda esas historias entre sus paredes llenas de libros. Historias que alguien dejó aquí un día, cuando pesaban demasiado para llevarlas solo. Y que el faro guardó, por si algún día le sirven a alguien más.

Pausa

Por eso, antes de que empiece, Lúa te pide solo una cosa.

Que respires. Despacio.

Que sueltes el aire un poquito más largo.

Las historias del faro se escuchan mejor con el cuerpo en calma.


A partir de aquí, cada cuento será uno de esos partidos que nadie vio. El del niño al que le temblaban las manos antes de jugar. El de quien se sintió solo en mitad de su propio equipo. El del que se equivocó cuando todos miraban.

Goles por fuera. Y, por dentro, algo todavía más grande.

Igual que la luz del faro, estas historias también viajan. Puede que alguna llegue justo a quien la necesita.

Pasa. Esto es el faro.

Aquí empieza el Mundial Interior.